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miércoles, 12 de diciembre de 2012

MUÉRDAGO

Viscum album L.   (Muérdago  )
 
                                        Foto de M.Angel Pérez Vega

La especie protagonista de hoy es una de esas plantas, que como el abeto, el acebo, o la flor de pascua, forman parte de la tradicional decoración navideña. Si bien no es muy frecuente por aquí, sino en la alta montaña, es de sobra conocida por ser uno de los pocos ejemplos de planta semiparásita de nuestros bosques. Si nos fijamos en la foto superior apreciaremos una masa verde claro sobre un  árbol sin hojas. Pues bien, se trata de un ejemplar de muérdago que está robándole la savia bruta al árbol sobre el que vive. En lugar de enraizar en tierra, esta planta perfora la corteza de una rama y conecta con los vasos conductores del árbol. Con el agua y las sales minerales que consigue de esta forma, el muérdago es capaz de realizar la fotosíntesis por sí mismo. Por eso se denomina a esta relación “semiparasitismo”, ya que las plantas totalmente parásitas consiguen también la savia elaborada de su hospedador y no suelen ser fotosintéticas.
Reconocer qué hojas son del muérdago y cuáles del árbol es sencillo, si nos fijamos en dos cosas: primera, las hojas de nuestra protagonista son de un verde amarillento y aparecen situadas al final de ramificaciones dicotómicas (en forma de bifurcaciones); y segunda, sus frutos son similares a uvas redondeadas y blancas, casi transparentes.
                                                                                                            Foto de M.Ángel Pérez Vega

Aunque no son comestibles para los humanos, hay numerosas aves que se alimentan de ellos. Y también aquí el muérdago se sirve de otros seres vivos para asegurar su supervivencia.  ¿Cómo? Mediante un curioso mecanismo. El pájaro rompe la pulpa del fruto para comérsela llevándose una pegajosa semilla adherida al pico. Al intentar desprenderse de ella, frotándose con las ramitas del mismo o de otro árbol, dejará la semilla en un lugar inmejorable y lista para germinar.
Aunque es bastante tóxico, en las dosis adecuadas, el muérdago se utiliza en la elaboración de medicamentos que mitigan los efectos secundarios de la quimioterapia, y según la tradición anglosajona, tiene la virtud de conceder amor eterno a quienes se besan bajo una de estas plantas en navidad.

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